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lunes, 13 de octubre de 2014

Defixio: secretos en el barro

Hoy es un lunes lluvioso como tantos lunes de otoño. Hoy es 13 de octubre, un día que huele a velas quemadas y tartas de fresas, un día de deseos al soplar y sonrisas risueñas. Hoy es una fecha marcada a fuego en mi mente desde mi más tierna infancia porque es el cumpleaños de mi hermana y le dedico este pequeño capítulo de la serie Defixio que, intuyo (soy toda perspicacia), le gustó hasta la fecha. Espero que siga siendo así.

Y para los despistados y los que quieran engancharse. La historia empieza aquí y lo habíamos dejado en este punto.

Defixio:  secretos en el barro


Iria observó a Andrés con detenimiento escuchando lo que acababa de decir, inmiscuyéndose en sus ojos que le devolvían un reflejo suyo, perdido en el tiempo, en un pasado remoto y malgastado. Sacudió la cabeza.
―¿Un espejo? ¿Para qué quieres un espejo?
El seguía absorto en aquella tablilla, en las maldiciones y perdiciones, en un pasado milenario que le apasionaba y que daban a aquellos ojos, como espejos del alma, un brillo peculiar.
―Esto es como una novela de Dan Brown, salvo que aquí no me invento esto para ser más fantasioso y misterioso. A ver, ¿podemos coger ya esa tablilla de manos del…
Andrés volvió a fijarse en el cadáver de su antiguo profesor de Arqueologia y sintió como a pesar de la emoción del momento, a pesar de lo mal que le había llegado a caer, el estómago le daba un vuelco y su contenido amenazaba con desparramarse como el lodo tras una inundación.
―¿Estás bien?― interrumpió Iria, al reparar en cómo aquellos ojos habían perdido de súbito parte de su viveza.
―Sí, sí… Es sólo… ―el arqueólogo tomó aire y resopló― Por un momento había olvidado que era un cadáver que además, por muy capullo que fuera, conocía.
―Sí un capullo. No me gustaba nada cómo miraba y su bordería intrínseca en clases. Era un estirado altivo, incluso de joven.
―Y sí sólo fuera eso… ―negó Andrés― Vas a tener sospechosos a raudales. El tipo ese era un viejo verde. Fueron bastante sonados, dentro del mundillo, sus fotos a los escotes de estudiantes voluntarias.
―¿En serio? Aún así no debería ser motivo para matar a nadie a pesar de ser asqueroso. Bueno, en realidad, nada lo es.
―Sí, bueno, pero súmale otras muchas cosas como su trato degradante hacia algunos de sus empleados, el hecho de que fuera un explotador, su poca ética profesional.
―¿Empleados? ¿Pero dejó la universidad?
―No, no, lo compaginaba con una empresa de Arqueología. Contrataba a personal recién licenciado y los ponía a trabajar muy por debajo de las tarifas del convenio arqueológico. Ellos tenían los pies en el barro y él el rostro al sol. Y además estaban las cuestiones ética. Corre más de un rumor acerca de yacimientos enterrados bajo el lodo y cemento sin que este tipo pestañeara. Así es como resultaba ser el favorito de muchas constructoras. Tiraba los precios y, por encima, se dejaba untar…
―¿Y nadie lo denunció? Es increíble. En la facultad somos los primeros en hablar, y ¿luego?
―Luego los que menos te esperas se convierten en explotadores a su vez y así se retroalimenta el sistema. No se puede competir contra quien tira los precios. La profesión pierde su dignidad y ética. Además nadie quiere denunciar de forma aislada, dar la cara por todos, llevarse el trabajo de recopilar pruebas, y así es cómo tipos como Pablo Bahamonde salen ganando.
―Lo de ganar es relativo ―dijo la inspectora, arqueando una ceja y desviando la mirada hacia el cadáver.―¿Y tú?
―Cierto…. ―había contestado a lo primero― Y yo… Nunca trabajé con él, ni falta que me hace. Cuando era recién licenciado le había pedido trabajo a este buen hombre. Me contestó con desdén que pertenecía a una nueva generación de "arqueólogos mercenarios", simplemente por pretender cobrar por trabajar… Yo nunca quise saber nada más de él. Si la gente que sí trabajó con él, no lo denuncia. ¿Qué voy a hacer yo?
―Ya bueno…―contestó Iria con dudas pero sin querer insistir en este tema― La verdad es que nos deja un gran abanico de posibles sospechosos, siempre que estemos ante un asesinato, que está aún por ver. ―la inspectora se giró hacia Alfonso, el médico forense ―Tenemos desde posibles promotores corruptos a empleados rencorosos.
―Habla por ti ―contestó el forense― A mi me basta con tener que determinar si fue asesinato o no, y algo me dice que va a ser difícil  poder afirmarlo o desmentirlo.
En aquel instante la conversación fue interrumpida por varios policías que escoltaban a una mujer de aspecto elegante pero sobrio. Emanaba un aire de perpetua seriedad que devenía en una tristeza permanente. Todos se quedaron observando la escena. Fueron unos minutos de presentaciones y breves conversaciones hasta que aquella mujer, la jueza instructora del caso, permitió que se levantara el cadáver de aquel hombre que tantos enemigos se había granjeado a lo largo de los años.
Con las manos enfundadas en unos guantes de latex, Andrés Dovalle observaba detenidamente el reflejo de la pequeña tablilla de plomo que con tanta fuerza agarraba el cadáver de Pablo Bahamonde, unos minutos antes. Su ceño se frunció mientras descifraba y traducía, lentamente, la palabras incisas en el plomo. Observaba como aquel verbo maldito dibujaba círculos concéntricos y sólo conseguía entenderse mediante el reflejo del espejo que permitía descifrar su misterio. Finalmente, sus labios se despegaron para hablar y desvelar a su antigua compañera, la inspectora Iria Aldekoaotalora, el contenido oculto tras aquellos extraños signos grabados en el metal.

*****

Vicus Eleni, Marzo del 49 d.C

El camino que descendía del castro hasta el nuevo poblado era un barrizal lleno de charcos, agua, fango y excrementos. Era común que algún que otro zapato quedara atrapado por el barro, dando fe del hambre de aquella tierra fértil que tragaba agua como un resacoso frente a una jarra de agua.
Philtates avanzaba sintiendo como la lluvia, desatada, golpeaba violenta su piel tersa. El aire helado nocturno le hablaba de miedo y oscuridad.   Ella era una esclava y sin embargo había llegado a aquel rincón del convento lucense sin siquiera desearlo, lejos del hogar que la vio nacer, en Turín, lejos de la casa en la que creció, en la capital lucense, de sus queridos compañeros de penurias, y lejos de su dueña a la que peinaba con esmero tratando de reproducir las cabelleras más en boga del Imperio, domando, con esmero, las ondulaciones de su encrespada melena.
 Siempre escuchaba sus desvelos, sueños frustrados, penas del corazón. El penúltimo momento de desasosiego de su ama, la había llevado hasta aquel barrizal en medio de la noche, en busca de un rico comerciante de aquella villa. Aprovechó la oscuridad de la noche para despistar la escolta que la acompañaba desde Lugo por seguridad, pero los secretos de su señora eran lo más importante.
El viento y la lluvia batían inclementes contra su piel suave, joven ,sobre la que el agua resbalaba para caer desde la punta de su fina nariz hasta el suelo. Traían también consigo aromas a mar y a sal, tripas y pescado, corrupción y descomposición.
Philtates acababa de dejar atrás la fábrica de salazón cuando la oscuridad quiso atraparla. El viento la envolvía. Sintió un escalofrío. Sus ojos trataron de penetrar la negrura y el agua. En medio del silencio de la noche, la lluvia batía contra el barro y los pies de Philtates se hundían lentamente.  Alguien, entre las sombras, la observaba.


Continúa aquí

10 comentarios:

  1. Vaya, vaya con el viejo profesor Bahamonde. Menudo pájaro estaba hecho el tío, sacándole fotos a los escotes de las estudiantes. Qué pillo.
    Ya se echaba de menos a la inspectora rockera Aldekoaotalora. Habrá que estar muy atento a los próximos acontecimientos. La cosa pinta turbia. Un saludo, Sandra.

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    1. Un saludo Pedro, aunque no si a tí te gustará. Iria tiene buen gusto y le gusta Kurt y su banda ;)

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    2. Cierto. Pero me ha dicho un pajarito que la joven inspectora sube al séptimo cielo con los solos de Ritchie Blackmore y flipa en colores con la voz nasal de Axl Rose. No sé tú, pero yo aún tengo esperanzas de que la chica acabe reformándose. Rezaré por ella a Ronnie James Dio y Jon Lord que están en los cielos. Amén. :P

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  2. Me tienes atrapado ¿y ahora qué? pues nada, a esperar al siguiente lunes. Un abrazo y feliz semana.

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    1. O un poquito más... Ya veremos. Un saludo, Frank.

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  3. Bueno, ya sabemos parte del contenido de la tablilla de plomo, con la historia de esa esclava peluquera de época romana que había estado en una fábrica de garum antes de sumergirse en esa ciénaga...ay, que lo veo todo muy negro, querida Sandra. A ver cómo sigue la cosa...
    Besos y comparto. Feliz semanita!

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    1. No... Son partes diferentes. Como capítulos puestos en paralelo. La narración de la romana no está escrita en la tablilla. Pensé que se entendería con la separación de los asteriscos.
      Gracias por compartirlo, Mayte y un saludo ;)

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  4. Muy dramático e interesante se pone. No te preocupes, Sandra, que se entiende perfectamente bien. Habrá sido al comentar cuando se ha equivocado Argo.
    Esperaremos con paciencia tu próxima entrega.

    Un saludo.

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    1. Muchas gracias, Ricardo, por tomarte el tiempo de leerme. Un saludo y espero poder leerte a ti pronto ;)

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  5. Crímenes conexos con el pasado... Historias cruzadas... Me encanta.

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