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lunes, 21 de julio de 2014

Santos inocentes, ni des ni prestes (parte 4)

Sigamos el sonido de cada punto y aparte de la melódica máquina de escribir.
 
Y por si os habéis perdido algún capítulo, la historia empieza aquí y la habíamos dejado en este punto.


Santos inocentes, ni des ni prestes (parte 4)


—¿Y qué hiciste luego? inquirió escueto en su planteamiento.
—Pues ¿qué iba a hacer? Tuve una crisis de ansiedad de caballo. No pude pegar ojo en toda la maldita noche por culpa del angelote —aplasté el cigarrillo contra el cenicero—. A primera hora llamé a la consulta para ver si me podías atender cuanto antes. Me había estado rebanando los sesos toda la noche y salí de casa para ir a una farmacia a comprarme un test de embarazo. Ya llevo unos cuantos días de retraso y… —volví a echarme los cabellos hacia atrás— salió rosa… Odio tanto el rosa como las palomas —aseveré aunque no tuviera ningún sentido—. Desde que tengo uso de razón, aborrezco ese color.
—¿Será porque el rosa es el color del amor, de la felicidad, como «la vie en rose» de Piaf? —preguntó el psicólogo tomando otro apunte.
—Recuerdo más bien «los días rojos» de «Desayunos con diamantes». De hecho, me gusta mucho más el rojo. Mi vida suele fluctuar entre ese color y el gris. Pero el rosa… El rosa es una abominación de la naturaleza. Es más —afirmé como si aquello fuera una prueba irrefutable—, las propias rosas suelen ser rojas no rosas. —negué sutilmente—.La cuestión es que el test salió rosa y eso significa que estoy embarazada por obra y gracia del Espíritu Santo…. No sé qué tengo pero tengo algo: esquizofrenia, demencia, delirios, lo que sea. No puede ser bueno.
—Sin querer ofenderte María, los diagnósticos mejor dejálos para los médicos. Hay muchas causas para lo que te acaba de pasar que van desde los trastornos psiquiátricos que nombraste, algún shock —dijo el argentino  manteniendo sus ojos en los míos—, un problema de salud, con el sueño. Mirá, en todas tus experiencias estabas en la cama y podías rondar, como se dice acá, ese estado de «duermevela». En cuanto al embarazo, deberías ir a ver a un ginecólogo para asegurarte —el hombre quería transmitirme calma y seguridad—. Hay muchas posibilidades y siempre una razonable.
— Sinceramente, no la veo —contradije con pesimismo.
— No lo ves pero ahí está. Esto es como el fútbol. Vos venís gambeteando rivales, esquivando obstáculos para patear al arco y tener éxito en tu vida. Pero ahora, simplemente quedaste en offside y no entendés qué cobró el referí. Sin embargo, fue fuera de juego y hay que anular la jugada. Ahora tenés que ver la repetición para entenderlo. Tenemos que verla juntos, vos, yo, y a lo mejor algún médico para descartar otros problemas.
Al salir de la consulta, volví hacia mi casa, escalando a duras penas las pendientes de esta ciudad. Exhausta veía llegar el final de mi particular calvario diario al alcanzar un paso de cebra de la transitada calle Venezuela. Mientras esperaba ansiosa a que el muñequito esquemático abandonara su tono carmesí, observé a una mujer con un carro de supermercado. Abrió la tapa de un contenedor de la basura y depositó en su carrito, un gastado peluche cuyas entrañas espumosas habían sido extirpadas con exaltada violencia. Aquella mujer tenía aspecto de andar en plenitud de fuerzas aunque unas hebras grises en su larga y enmarañada cabellera despeinada, delataban su ya entrada madurez.
—«Los pañales exhalan un rumor de desierto, con cítaras sin cuerdas y degolladas voces. La nieve de Manhattan empuja los anuncios, y lleva gracia pura por las falsas ojivas.» —La voz en cascada de la mujer resonaba recitando a Lorca, aunque no fuera consciente de ese detalle en aquel instante.
No era la primera vez que la veía hablar sola. La gente la solía llamar «la loca». Loca porque declamaba lo que pensaba en voz alta, aunque soliera decir verdades como puños.
Recuerdo como un día, en esa misma calle, vi a Isabel, pues hasta los más estrafalarios tienen un nombre, parada ante un cartel electoral. Estaba hecha una furia mientras lo increpaba:
—¿Por qué sonríes? —había preguntado seriamente Isabel hablando con el político fotografiado en el anuncio.— ¿Por la subida del paro? ¿Por la corrupción? ¿Por los recortes en Sanidad? ¿En Educación?¿Por la subida de los precios? ¿De los impuestos? ¿Por la gente que no puede pagar sus hipotecas? ¿Por qué el Celta perdió? ¿Por qué te alegras? —había  inquirido seriamente fijando sus grandes ojos grises sobre el cartel.
Pero Isabel no sólo sermoneaba a los anuncios sino también a un amplio abanico de personas: niños o ancianos, hombres engominados o perroflaúticos indignados. Cualquiera podía ser presa de sus vehementes comentarios.
La misma mirada que se había parado en aquel cartel electoral, los mismos ojos que habían visto pasar cientos de rostros de fingida indiferencia, se posaron entonces sobre mí. Acompañó, sin embargo, su gesto de una sonrisa mucho más sincera que la de un estadista en campaña.
— ¡Estoy embarazada! —se desgañitó Isabel sorpresivamente.
Aquella mujer debía estar casi en sus cincuenta. ¿Cómo era posible? Aquello parecía una más de sus extravagancias.
—Enhorabuena —le contesté hipócrita, viendo como el semáforo pasaba de rubí a esmeralda. Seguí el gráfico ejemplo del muñequito verde y empecé a andar, pero Isabel agarró mi brazo con fuerza. Fue un simple susurró al oído; una voz apenas audible que se filtró mansamente para restallar contra mi tímpano—. Tú también lo estás.  Llevas al Señor en tu seno... 

Continuará...

Cuadro: La loca de Chaïm Soutine

10 comentarios:

  1. Que jodía la Isabel... Sabe cosas, la paya... Estás adquiriendo la mala costumbre de dejarlo en el momento justo para que, los que lo leemos, te maldigamos allá donde estemos leyendote... Esto, aunque no lo parezca, es un piropo... jejeje
    La historia sigue manteniendo el interés (al menos a mí :) ), así que no me queda más que esperar (con mucha ansi, eso sí) al lunes próximo)
    Un beso, Sandra!!!

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    1. Muchas gracias, Ramón. Esta semana ya no me vas a maldecir.

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  2. Muy buena historia, se espera con ansias la continuación!

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  3. Pues Sandra, aunque sea como anónimo te comento. Soy Isabel Oliva y cierto que me tienes muy interesada en este relato que para mí no tuvo un buen comienzo, un poco aburrido, pero lo que pasa a continuación es más que entretenido.
    Un saludo.

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    1. Gracias por comentar, Isabel y me alegra que el relato, te haya gustado al menos en parte. Supongo que el final, no será muy de tu gusto. Un saludo.

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  4. Muy interesante la continuación y cada vez aparecen más historias. Me gusta, quisiera terminarla ya... jajajajajaja... No sé si mi público aguantará tanto, pero lo intentaré. Gracias por compartir.

    Un abrazo muy fuerte.

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    1. Muchas gracias a ti por comentar, Ricardo. Ya llega el final ;)

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  5. Vamos haber si puedo al fin leerte desde el principio porque leer un capítulo solo no tiene gracia. En cuanto pueda empiezo por el principio. Un abrazo.

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    1. Gracias Frank, siempre se agradece tu opinión ;)

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