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lunes, 17 de marzo de 2014

La mirada del otro (parte III)

 Tras un día a la carrera aquí tenéis la tercera y última parte del relato que encontré en el baúl de los recuerdos.(parte Iparte II)


Los meses se fueron sucediendo en aquel infierno italiano. La toma de Montecassino se había convertido más en una cuestión de honor que en una de estrategia. Cientos de soldados norteafricanos habían caído para que el camino hacia Roma se abriera desde otros frentes.

Un último esfuerzo para alcanzar la morada de los justos, el paraíso que suponía Montecassino. Un último sacrificio pagado con más sangre, les había pedido su general, prometiéndoles nuevamente la gloria, así como días de vino y rosas.

Faysal soñaba en su puesto de guardia, sintiendo el cálido aire del mes de mayo golpeando su rostro. Observaba con detenimiento el cielo nocturno. Las estrellas eran las mismas que las que alumbraban con su destello las dunas de su desierto natal. La luna seguía ocultando su otra cara y le observaba, transmitiendo el mismo sosiego de siempre, mientras iluminaba. las montañas a las que todos ansiaban llegar.

*****

Los gemidos de Ettore no dejaban de atormentar a Chiara que escuchaba, cual Dante entre las ánimas del purgatorio, su eterno lamento que iba a enloquecerla. La joven aún jugaba inconsciente con las cuentas del rosario que le había legado su madre y que mantenía aferrado con la fuerza de la desesperación entre sus manos. Había rezado toda la noche a la Virgen y a todos los santos pero, como en el infausto día del nacimiento de Ettore, de nada le habían valido sus plegarias.Los alemanes habían entrado en su casa, comido su alimentos y llevado todo lo que habían podido... inclusive a su padre. Confió en que volvería sano y salvo pues nadie como él conocía los montes en los que los malditos alemanes quisieron internarse.

Las cuentas del rosario chocaron una y otra vez entre los dedos crispados de Chiara, al compás de los sollozos de Ettore que parecía ahogarse. De fondo, sólo se escuchó durante horas el silencio de la noche. hasta que una profunda hendidura rajó ese mutismo coral. La vieja Brunetta gritó desesperada sacando a Chiara de un trance en el que volvería a enterrarse durante semanas.

Los días habían transcurrido y la victoria aliada era cada vez más cercana, pronto les salvarían del constante saqueo. Chiara albergaba también el sentimiento de que, con ello, su familia sería vengada. La joven observaba el plácido cielo estrellado recordando las palabras de su padre en una noche similar a aquella. Le había explicado que en la cara oculta de la luna estaba la radiante sonrisa de su madre. Chiara perdió sus ojos en el infinito, buscando hallarlos a ambos. Tras la silueta de aquellas montañas, regadas por la luz mortecina de las estrellas, quizás estuviera quien vengara a su padre.

*****

Las caras despojadas de los montes laciales dominaban el serpenteante río agitado en su descenso que languidecía en una pequeña ensenada. El sol, amenazado por unas nubes, fraguaba de cobre los verdes pastos en flor y la robusta arbolada añeja de la que pendía la colorida colada que Chiara iba tendiendo. La joven, con destreza,  frotaba la ropa contra una piedra ya pulida por el uso con una pieza de jabón para retirar cualquier rastro de suciedad.
 Montecassino había caído. Tras el espeso follaje de los árboles, Faysal observaba a aquella chica y al niño que la acompañaba jugando junto al río. Las mujeres de aquellas tierras eran diferente, y esta joven tenía una melena rubia llamativa y unos gemelos tan redondos como la barriga de una mujer encinta que nada tenían que ver con las prostitutas de los burdeles.

De repente, de entre los matorrales circundantes salió otro hombre. Faysal lo conocía, era un compañero de batalla que se arrojó sin escrúpulos sobre aquella preciosidad al alcance de su mano. El joven argelino sintió un hormigueo recorriendo su cuerpo de pies a cabeza. No podía dejar que aquella belleza sufriese a manos de aquel bruto.
―Dejala en paz ―gritó Faysal en árabe mientras Ettore todavía no había tenido tiempo de reaccionar y observaba atónito la escena. Chiara aprovechó aquel instante para golpear la entrepierna de su asaltante que se encogió y revolcó ante el tremendo golpe. La italiana con el vestido medio desgarrado observó asustada a Faysal. El argelino intentó acercarse a ella pero la chica se echó, como una fiera herida hacia atrás. Las miradas de ambos se cruzaron en aquel preciso momento. Chiara tenía miedo, no había agradecimiento en sus ojos que nunca habían visto  a una persona con rasgos como los de Faysal.

El argelino notó esa mirada decepcionada, prejuiciosa; inaguantable. El soldado agarró con fuerza el brazo de Chiara manteniendo sus ojos de color avellana, fijados en los suyos. Negó un instante. Cualquier atisbo de compasión se había desvanecido tras observar su gesto, el mismo que el de las francesas tras liberar sus pueblos a costa de la sangre de los suyos.

Ettore, de repente, corrió con furia asesina derribando a Faysal al suelo de un salto salvaje, como un piojo hambriento de sangre. Sin embargo el argelino le propinó un sonoro y brutal golpe seco en el rostro que dejó al niño inmóvil y tendido sobre la hierba. Incrédula,con rabia desmedida, Chiara se echó sobre aquel extranjero. Faysal, tras el  mordisco y los arañazos, tomó las muñecas de Chiara con ímpetu, clavando nuevamente sus ojos en los de la italiana.

El otro soldado, mientras tanto acababa de levantarse y simplemente se rió al observar los últimos acontecimientos.

―Asi que querías también tu botín ―negó ―Hay para los dos―dijo acercándose a ambos

Faysal observaba la mirada aterrada de Chiara y concentró toda su fuerza en la bofetada que iba a descargar sobre aquella mujer. Sintió, a continuación, un agradable cosquilleo en su mano. Una leve sonrisa aliviada iluminó su rostro. Golpeó repetidas veces su cara, sus ojos, mejillas, nariz, boca, dientes como si con aquello pudiera borrar aquella mirada de su mente. La sangre brotaba profusamente,  acompañada de un alarido de dolor desesperado de la joven campesina.

Aquello encendía, más si cabía, la libido de ambos hombres reprimida por años de lucha por una causa que nunca había sido realmente suya. Para Faysal aquello era el cuerpo de Saïd calcinado, el golpe a su rostro y a su ego que le propinaron por reclamar la misma comida que sus supuestos compatriotas, los permisos que nunca llegaron, sus sueños de ascenso frustrados. Tanto sufrimiento, el  horror, tantas mentiras e hipocresía de los blancos bien merecían un pago. El general Juin, les había hecho una última promesa. Les juró que, tras aquel maldito monte, todo les pertenecería durante dos días con sus noches.  Una única proclama cumplida que reavivaba, aún más, la furia de Faysal. 

Chiara, trémula y asustada, trataba de huir, pero Faysal la agarró por su ondulada melena rubia atrayéndola violentamente hacia él. y arrancándole de un tirón al vestido. Las lágrimas se entremezclaban con la sangre en los ojos hinchados de la joven italiana que no era capaz de entender los acontecimientos y observaba el cuerpo inmóvil de su hermano.

 La muerte, Dios y sus plegarias, aquel que vendría desde Montecassino para vengar a su padre y liberarla; todo eran sueños absurdos, tan incongruentes como aquella mano indecorosa que sin miramientos penetraba en su intimidad. Una insensatez, al igual que el sentimiento de suciedad que ni el agua podría exorcizar. Tan irracionales como el vómito que se escapaba de entre sus labios tras las violentas embestidas contra su garganta mientras una silenciosa demencia la embargaba, sintiendo ahora, las furiosas arremetidas de los argelino contra su malograda virtud. Chiara quería despertar, huir, aullar, desvanecerse; quería morir. Faysal al fin, podría volver a vivir.

 La campiña se postraba vehemente, aullando en un mutismo cadencioso colmado de violencia. La brisa fecunda del crepúsculo penetraba el alma de los presentes, mientras la naturaleza entera se conmovía,  emanando de sus entrañas mancilladas, una lluvia amarga de sueños frustrados.

Nota para quienes no conozcan los acontecimientos históricos que rodean este relato:

La toma de Montecassino durante al final de la Segunda Guerra Mundial está envuelta en una importante polémica. Los Goumiers del cuerpo originario del Norte de Africa (por entonces colonia), usados como carne de cañón por el ejército francés  fueron acusados de numerosos crímenes de guerra: destrucción de pueblos, robos  y violencia pero sobre todo de violaciones masivas (y asesinato de los que trataban interpornerse) En 1950 la Unión de Mujeres Italianas, organización de mujeres comunistas habla de alrededor de 12 000 víctimas. El senado italiano por contra, habla en 1996 de 2000 mujeres violadas y 800 hombres asesinados. El hecho es que este suceso marcó profundamente la sociedad italiana hasta el extremo en que  desde entonces  la expresión “marrocchinare” se usa  como sinónimo de violación.
Estas violaciones perpetradas en masa en los alrededores de Montecasino se desarrollaron en dos días solamente y sólo son comparables en su intensidad a otro episodio similar como los crímenes soviéticos en la batalla de Berlín.
Se habla, incluso, de un posible discurso del general Juin al que hace referencia el relato a sus tropas para alentarlos antes de la batalla:

“Más allá de los montes, más allá de los enemigos que esta noche matareis, hay una tierra abundante y rica en mujeres, vino y casas. Si conseguís pasar más allá de esta línea sin dejar un solo enemigo vivo, vuestro general os promete, os jura, os proclama: esas mujeres, esas casas, ese vino, todo lo que encontrareis será vuestro, dejado a vuestro placer y disfrute durante 50 horas. Y podréis tenerlo todo, hacerlo todo, tomarlo todo, destruirlo y llevarlo todo, si venceis, si  os lo mereceis, vuestro general mantendrá su promesa, si obedecéis por última vez antes de la victoria”

8 comentarios:

  1. Estremecedor, duro y cruel, final de esta historia. (Por otro lado no conocía los hechos, de esta barbarie).
    Genial la narración, me has dejado con el corazón empequeñecido.
    Bravo Sandra!
    Saludos!

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    1. Gracias Ramón. A mi, este es un relato que me convence sin convencerme (si no llegara a convencerme en lo mas mínimo, no lo publicaría). Tiene cosas que me gustan pero creo que los personajes son mejorables y probablemente hoy tendría muchos mas diálogos. Me alegra que te gustara.

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  2. esta fue una historia real o fue una historia ficticia basada en hechos historicos???? de todos modos es muy bien contada te felicito

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  3. Es un buen relato. La psicología de los personajes se hace patente a través de tus palabras y de sus acciones. Los sentimientos bien enmarcados. Personajes bien caracterizados y una historia tremenda y cruel como todas las que ocurren a las pérdidas colaterales.
    Me ha gustado mucho.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias por leer el relato y por tomarte el tiempo de comentar, Ricardo :)

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  4. Por curiosidad, el ojo es tuyo? jajajajajaja... o de quién? si no es indiscreción.

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    1. Podría ser mi ojo, aunque los míos son un punto mas azules, pero no, es una fotografía que encontré en la red, sin copyright, sino haría referencia a éste al final del post. ;)

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