Ayer, penúltimo
día de este año 2013, he sido víctima de una poderosa abducción extraterrestre,
única posibilidad razonable para explicar, junto al gripazo o los comercios
abiertos en fin de semana, mi tremendo despiste… Y es que hoy, a pesar de que
mi malograda mente así lo creyera, no es lunes sino martes.
Así con todo,
en este último día del año 2013, con los reyes magos a punto de visitar los
hogares de millones de niños españoles, y
luego de la visita del hombre de rojo, vamos a seguir con nuestra serie de posts,
indagando a través de los siglos en el origen de esa costumbre tan extendida
por el mundo de entregar regalos en esta época del año.
Ya pudimos ver en nuestro primer post, el origen pagano de esta práctica.
Desde el Gargan Celta pasando por las
Saturnalias romanas, se instauró el hábito
del regalo en la época del solsticio de invierno. Ese uso se extendió a través
del mundo y se adaptó a la nueva religión imperante, el cristianismo,
diversificándose en diferentes personajes, tal como pudimos ver en el segundo post.
Pero, hasta ahora, no tratamos aún, de la personificación de esta costumbre que
más repercusión tendría en el mundo, el ancestro directo de Papá Noel y del
cómo éste se convirtió en el personaje que visita a los niños de medio mundo
con sus renos voladores y su entrañable traje rojo y blanco.
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Representación de San Nicolás a finales del XIX de Heinrich Lefler |
Pues bien, como muchos de vosotros ya sabréis, ya que demostráis curiosidad de espíritu leyendo estas líneas, estoy hablando de San Nicolás o, más exactamente, de San Nicolás de Bari, nacido en el siglo IV en Pátara, Lycia, en la actual Turquía.
Este hombre, conocido y reconocido por su bondad, fue nombrado obispo de Myra y se convirtió con los años, en Santo y protector de los niños tras realizar varios milagros, entre otros, resucitar a tres niños que un malévolo carnicero había asesinado y salado para conservarlos. Tras siete años en esa macabra condición, San Nicolás, que pasaba por ahí, los liberó y los resucitó. De esta forma, como decíamos anteriormente, se convirtió en protector de los niños aunque sus muchos milagros, le permitieron también ser el santo patrón de los solteros y de los navegantes, tras contribuir a la salvación de varias embarcaciones.
A pesar de ser
el patrón de los niños, nada parecía
predisponerlo, a priori, a convertirse en ese buen hombre que entregaría
regalos a los críos de medio mundo. ¿Qué pasó para que esto aconteciera?
Pues bien,
durante las cruzadas, se retiraron sus reliquias de la iglesia de Myra para
llevarlas hasta Bari, en el Sur de Italia. Un caballero de Lorena habría
recuperado entonces una de sus falanges. Ni corto ni perezoso, se la llevó
hasta su tierra que se convierte en lugar de pelegrinaje, adoptando el nombre
del santo, Saint-Nicolas-de-Port.
San Nicolás se convierte a partir de
entonces en el santo patrón de Lorena, llegando a ser, como todo buen santo patrón,
causante de alguna que otra victoria militar. Asi fue como el duque de Lorena
le atribuyó su victoria sobre Carlos el Temerario que, curiosamente, en la
noche de reyes de 1477, encontró la muerte en esas tierras.
San Nicolás en Lorena y Bélgica
Cuando empezamos
esta serie de posts, comentaba cómo recordaba durante mi infancia en Francia,
el inicio del periodo navideño por ver cómo los niños de Lorena recibían al,
para mí, éxotico San Nicolás, el 6 de diciembre.
En realidad,
esta fecha señala un triste aniversario, el de la muerte de nuestro santo. La
víspera, el día cinco, San Nicolás baja del cielo, entra por las chemineas y
entrega golosinas y regalos a los niños buenos. Lleva una larga barba blanca, una
mitra, un bastón y largo abrigo muchas veces rojos. ¿Os empieza a sonar?
San Nicolás se hace acompañar en Lorena y
Bélgica de su némesis : el Padre Fouettard (también conocido como Rüpelz (ou Ruprecht) y en Alsacia
como Hans Trapp) que,
con su aspecto amenazador, pega con su vara a los niños malos. Antaño, los
niños de esas tierras, sólo recibían regalos en estas fechas, ya que la
navidad se consideraba una fiesta estrictamente religiosa, aunque hoy en día,
muchos reciben una doble ración en ambas festividades.
Sinterklaas en Holanda.
A diferencia
de la zona de Lorena, Sinterklaas se desplaza con su caballo blanco sobre los
tejados para dejar, con la ayuda de sus singulares ayudantes, los regalos a los
niños holandeses, por la cheminea. No lo acompaña como en la zona francófona un
padre fouettard sino un centenar de ellos llamados zwarte pieten (zwart,
negro —por bajar por la cheminea— y Pieten,
algo así como Pedrito, ya que sería el
diminutivo de Pedro). En esta tradición se ve reflejada los muchos años de
enfrentamiento con los españoles durante la guerra de Flandes. Estos singulares
personajes vendrían de España, a bordo de unos barcos, llevándose consigo en sus
sacos, tras un golpe de látigo, a los niños malos.
Santa Claus en los Estados Unidos
San Nicolás
cruzó el Atlántico con los emigrantes holandeses. Washington
Irving, amante del folclore europeo, escribió su Historia de Nueva York en
1809, en la que describe la supuesta llegada del santo, cada víspera de San
Nicolás. Lo describe ya sin ropas de obispo y a lomos de un corcel volador. Fue
tan popular a raíz de este relato que todos, incluso los colonos ingleses,
festejaron la celebración holandesa. El nombre fue derivando de Sinterklaas o Sinter
Klaas hasta acabar siendo pronunciado como Santa Claus por los angloparlantes.
En
1823, un pastor americano llamado Clement Moore escribió un cuento A visit from Saint Nicholas, más famoso bajo el título de The Night Before
Christmas. En éste, rediseñó y
popularizó al personaje. Cambió el trineo tirado por un caballo
volador por uno tirado por renos. Lo describió como un tipo alegre, rechoncho y
de pequeña estatura, asimilándolo a un gnomo. Y lo más decisivo, fue que Moore
situó la llegada de Santa Claus, en la víspera de Navidad.
El santo se
hace laíco y de la mano del ilustrador Thomas
Nast (caricaturista político), que por Navidad publicó ilustraciones de Santa
Claus en la revista Harper´s Weekly de 1860 a 1880, se añadieron detalles como
ubicar su taller en el polo norte, y su
vigilancia sobre los niños buenos y malos de todo el mundo.
A
fines del s.XIX y principios del XX el nuevo personaje tragado y regurgitado
por la costumbre americana, tomó el barco de vuelta y se fue extendiendo por
casi toda Europa. Primero en Gran Bretaña, llamándose allí, Father Christmas o Padre Navidad. De ahí
pasaría a Francia, en donde adoptaría el nombre de Père Noël o papá Navidad,
del cual deriva Papá Noél, como se lo conoce en España y gran parte de
Hispanoamérica.
La última
metamofosis de Santa Claus:
El
último punto de inflexión significativo en el cambio iconográfico de nuestro
personaje, tuvo lugar con la campaña
publicitaria de la empresa de bebidas Coca-Cola de la Navidad de 1931. Un
dibujante de Chicago, de origen sueco, Habdon Sundblom remodelaría, entonces, al Santa Claus de Nast.
El artista, que tomó como primer modelo a un vendedor jubilado llamado Lou
Prentice, hizo que Santa Claus perdiera
su aspecto de gnomo y ganase en realismo. Papá Noel se hizo más alto, grueso,
de rostro alegre y bondadoso, ojos pícaros y amables, y vestido de color rojo
con ribetes blancos, que eran los colores oficiales de Coca-Cola. El personaje
estrenó su nueva imagen, con gran éxito, en la campaña de Coca-Cola de 1931, y
el pintor siguió haciendo retoques en los años siguientes. Muy pronto se
incorporó a sí mismo como modelo del personaje, y a sus hijos y nietos como
modelos de los niños que aparecían en los cuadros y postales. Los dibujos y
cuadros que Sundblom pintó entre 1931 y 1966 fueron reproducidos en todas las
campañas navideñas que Coca-Cola realizó en el mundo, y tras la muerte del
pintor en 1976, su obra ha seguido difundiéndose constantemente.
Con el final de
la segunda Guerra Mundial, mediante el empuje de la notoriedad lograda por los
norteamericanos en los países aliados, así como de sus productos e imagen,
Santa Claus alias Papá Noel, se hizo realmente popular a este lado del charco,
extendiéndose, con el patrocinio de coca cola y de Hollywood, como la pólvora por
el mundo. Probablemente estemos, con este personaje, ante uno de los mejores
ejemplos de este fenómeno tan denostado por unos y laudado por otros: la
globalización.
Bibliografía: