Translate the rain

lunes, 10 de marzo de 2014

La mirada del otro (parte II)

Sigue el relato y se acerca el desenlace. 



El eco del mortero se había apagado. Faysal miró un instante sus pies viendo sus ya desvencijadas botas cubiertas de nieve. Las golpeó varias veces contra el suelo como si con aquel gesto pudiera sacudirse el frío. Aún se preguntaba cómo alguien podía vivir en semejante país helado.  No conocía ninguna planta de las que le rodeaban en aquel  gélido bosque francés, pero pronto les darían un permiso y podría volver a su país.

Los meses se habían sucedido. Faysal percibía las gotas de agua deslizándose por su cara como si del lecho de un río se tratara. Estaba ahí plantado, con sus botas en medio del barro y el agua calando sus calcetines. A lo lejos vio entrar un autobús. Estaba repleto de franceses blancos que volvían de permiso. Él vertía su sangre por Francia pero había seguido ahí, todo este tiempo, en medio del frío, la nieve y la lluvia, mientras los pies negros, tal como llamaban a los franceses metropolitanos, volvían al país, a su país.

«Libertad, igualdad, fraternidad» Aquellas palabras golpeaban contra su sien como los martillos de la carpintería en la que trabajaba de niño. Y recordaba, claro que recordaba, una y otra vez. 

―No hay naranjas ―le habían un dicho un día en la cantina.
―Sí que las hay.  El de ahí las tiene, y este otro también. ―contestó al chico de cocinas que lo miró de arriba abajo con una leve sonrisa de lado.
―Este es francés y tú eres un "bougnouls" de mierda, así que pírate y deja de molestar.
Faysal había sentido su sangre bullendo y se echó sobre el joven, golpeándolo con toda su alma. En ese mismo momento, sintió como le retorcían el brazo y la sangre corriendo sobre su rostro como la maldita lluvia que estaba calándole hasta los huesos en aquel mismo instante. Luego la oscuridad de la inconsciencia y la humedad del calabozo. .Los meses se habían sucedido. El ansiado permiso no había llegado… Al menos para ellos no. No  había barcos para todos y éstos se necesitaban para trasportar tropas al frente
.
Pronto se reunirían con mas tropas en Montecassino. Esa era la meta que debían alcanzar, la sagrada meca, la puerta del camino de los aliados hacia Roma. Sus actos quedarían escritos con letras doradas en los libros de Historia. La gloria sería para todos, les había arengado el general Juin, pero él seguía sin ascender a pesar de sus esfuerzos y el chico de cocinas era ahora su sargento.

*****
El frío invierno había transcurrido. Con el renacer de la primavera llegaban las primeras cosechas, y con ello, más comida. Chiara había logrado al fin acumular algunos alimentos en la dispensa. Tenían algo de harina para hacer pan y queso de cabra.

La italiana canturreaba mientras de vez en cuando miraba por la ventana, viendo como su padre y su hermano estaban haciendo más leña para la cocina. Aquel día iban a comer algo más que raíces, queso o pan. Aquel día tenían carne. Había removido cielo y tierra para que Ettore tuviera el cumpleaños que se merecía. Se acercó a la humeante olla para deleitarse. Su sonrisa se renovó al  captar el aleteo de su nariz el aroma de las especies. Tomó la cuchara de madera para remover el guiso sin poder resistirse a probarlo.

Chiara estaba soplando sobre la cuchara de madera regodeándose en el momento. De repente, interrumpió su gesto, había escuchado algo, unas voces. Miró por la ventana. Su corazón golpeó su pecho pidiendo auxilio y su respiración se detuvo. Tres pares de ojos desconocidos acababan de posarse sobre su figura.

*****

La supuesta gloria tenía un coste muy alto. El miedo invadía cada recodo del alma de Faysal mientras arreciaba la batalla por el dominio de Cassino. Se hallaba sentado, hecho un ovillo en un cráter aun humeante causado por un obús, cubriéndose la cabeza  mientras la tierra y la sangre lo salpicaban. El ruido ensordecedor de las siseantes balas, de las mortales bombas, granadas y minas, tronaba una y otra vez, enajenándolo. Faysal no paraba de repetir aquellas palabras que le había enseñado el imán de su ahora más que nunca lejano pueblo.

―Allah,  grande y misericordioso, amo del universo y clemente, guíame por el recto camino― imploraba reiteradamente, redoblando a la vez, su esfuerzo por resguardarse el rostro y la cabeza bajo sus manos temblorosas y su fusil. No sabía distinguir, en aquel instante, el fuego amigo del enemigo. Sentía un sudor asombrosamente frío resbalar por su frente bajo su casco metálico que, aquel día, parecía pesar más que nunca.

―Sal de ahí Faysal! Sal de ahí o vas a morir, hermano! –gritaba Saïd sacudiéndolo y tratando de arrastrarlo a la fuerza.

 En un escaso segundo todo había cambiado. El cuerpo de Saïd había sido proyectado a varios metros de él, tendido en el suelo convertido en un amasijo de carne calcinada. El rostro de Faysal se descompuso  viendo al que había sido su amigo, mientras un estridente pitido había reemplazado el estentóreo ruido circundante. El argelino sentía su corazón contra su pecho pidiendo auxilio mientras miraba a Saïd. Volvió entonces su vista hacia Ahmed y Fadel, muertos minutos antes. Sus piernas, en aquel momento, respondieron milagrosamente. Dios había escuchado sus plegarias.

 Faysal gritaba con toda la fuerza de su alma y de su rabia, corriendo hacia la boca del lobo, el enemigo. Las letales balas de su fusil se sucedían una tras otra, cayendo varios oponentes en la distancia. Una neblina había invadido sus sentidos, y sin saber muy bien cómo, se había unido a la vanguardia y había alcanzado su posición, encontrando el recto camino.

*****

Ettore entró corriendo en lágrimas escondiéndose tras Chiara. La joven rodeó con uno de sus brazos  a su hermano pequeño.

Las tres miradas cobraron cuerpo y se convirtieron en hombres riéndose de la reacción de aquel crío y apuntando directo a la cabeza de su padre. Chiara no entendía nada. Hablaban. un idioma gutural que era incapaz de entender, pero no le gustaba ver como sus rostros a medida que aquellas «¿palabras?» se sucedían, se volvían cada vez más serios. Uno de ellos cambió de objetivo dejando de apuntar al padre de Chiara para fijar su arma sobre la italiana.

Los tres desconocidos altos y mas rubios que ninguna persona que hubiera visto la joven vestían un uniforme color verde musgo con un águila bordada en sus pechos. El que la apuntaba sonrió y gesticuló hacia Chiara. mirándola a los ojos. Su corazón batía desbocado contra su pecho, sin saber a quién pedir auxilio.

―Padre nuestro que estás en los cielos, ayúdame.


lunes, 3 de marzo de 2014

La mirada del otro (parte I)

Esta semana os dejo el principio de un relato histórico sacado del baúl de los recuerdos. Espero que os guste.


La campiña se despertaba lánguida, bostezando en una exhalación colmada de paz. La suave brisa del alba mecía el sueño de los presentes, mientras la naturaleza entera se animaba abrazando, sus virginales cimas, los sueños de los durmientes.

Faysal estaba cabeceando en su puesto de guardia. Se incorporó de golpe al escuchar el estruendo de la guerra. Desde su posición, aquella locura parecía una fiesta con fuegos artificiales, como los que iluminaban el firmamento de Argel los 14 de julio. «Las bombas, otra vez las bombas ¿Es que nunca se callarán?»  Pero nunca se callaban y no dejaban que el joven argelino pudiera cerrar los ojos y, siquiera oníricamente, conseguir el permiso que tanto ansiaba para volver a ver su añorada tierra. Su madre patria era Francia y bajo la bandera tricolor, símbolo de libertad, igualdad y fraternidad, combatía día y noche.

Faysal Zuhair había nacido en un pueblo de la provincia de M'Sila, en el sur de Argelia en 1925, desde el que se podía divisar las dunas doradas del incipiente desierto.

Las cabras balaban advirtiendo antes que los hombres el cambio que se avecinaba. Parecía una mañana como cualquier otra para el joven Faysal cuando el ruido de los motores se impuso sobre el golpear del martillo contra la madera. El chico interrumpió el pequeño arco figurado que había formado en el aire su muñeca, mirando al aire buscando una respuesta en los sonidos desconocidos a lo que estaba aconteciendo.

― El techo no te responderá, Faysal. Corre a ver lo que pasa ― le ordenó Kader a su aprendiz.

 El polvo se levantaba ensuciando las piernas de Faysal, recubiertas por un pelo aun fino que delataba sus escasos dieciocho años. Cuando llegó a la plaza, el chico se quedó maravillado, observando con detenimiento a los soldados que habían llegado con sus relucientes fusiles y sus impresionante ropas y botas. Aquellas botas militares resplandecientes con su suela de resistente caucho,  cordeles entrelazados y sus ribetes de cuero, le habían embelesado. Faysal nunca había visto semejante cosa.

Se abrió camino entre la multitud que se había agolpado para poder observar con más detenimiento lo que estaba ocurriendo. Pudo escuchar entonces, como un hombre blanco de fino bigote se había adelantado para hablar reclamando a los jóvenes unirse a la lucha, requiriendo a los hombres liberar a la madre patria de la perfidia nazi. La arenga exacerbada había provocado un griterío de algarabía entre la muchedumbre.

Faysal miró a su alrededor  viendo como los soldados estaban montando una mesa  sobre unos caballetes. Se dirigió hacia su pequeña casa de adobe para buscar sus escasas pertenencias, acortando sus pasos presurosos, la distancia que le separaba de ésta. Una nube polvorienta se había formado tras él delatando su itinerario.  “Francia… La madre patria” había pensado Faysal. Desde su más tierna infancia recordaba como en la escuela le habían enseñado sobre sus antepasados los galos, el inmortal rey sol o la gloriosa revolución y los valores de la República. Todos eran iguales bajo la bandera tricolor, todos tendrían las mismas oportunidades luchando por ella y liberando al país. Sabía que su madre le recordaría que su abuelo nunca había vuelto de la Gran Guerra pero no quería que sus sueños se escapasen.  Por fin vería las verdes praderas que mil veces había soñado e imaginado (no sabía como algo podía ser tan verde) Al fin vería la torre Eiffel, aquella mole metálica, dominando el cielo de París en todo en su esplendor. Y por fin también, podría ayudar a su familia enviándoles dinero para que sus hermanas tuvieran un buen matrimonio.

*****

Chiara estaba tumbada sobre su cama mirando al techo de su habitación. Trataba de dar forma a las manchas de moho y de humedad que lo salpicaban. Ocupaba su mente en la sonrisa de Mario en la fuente, el baile que había echado en la fiesta de San Bartolomeu con Gabrielle o el leve roce de la mano de Aldo en la Iglesia , aunque en realidad, aquello no le hacía olvidar su pensamiento primordial;  tenía hambre, y los continuos  gorgoteos de su estómago no dejaban de recordárselo.

Chiara Molinari había nacido hacía 16 años, en un pequeño pueblo italiano de la montaña lacial. Era una joven alta para su edad, cuyas curvas empezaban a dibujarse con voluptuosa feminidad. Sus ojos melados finalmente iban a cerrarse cuando un estruendo la despertó.

 – ¡Las luces!¡ Vuelven las luces!

Aquella voz inconfundible era la de Ettore, su hermano que apenas contaba siete años. Los dos vivían con el padre de ambos, Gianni, que trabajaba como jornalero. A Chiara le costaba recordar la voz de su madre que había muerto cuando apenas tenía nueve años, al dar a luz a su hermano. Desde entonces  se había convertido en la mujer de la familia aunque trataba de amarrarse a su juventud. .
La chica se levantó de la cama rápidamente

 – ¡Ettore, vuelve a casa! No ves que esto no es un juego, niño estúpido – gritó corriendo y dándole un azote enérgico en las nalgas. 

A pesar de lo que le había dicho a su hermano, la joven se quedó observando el espectáculo formado por las parpadeantes luces mortíferas. Le recordaba a los fuegos que echaban en las fiestas antes de la guerra, aunque sabía que no iban a bombardear su pueblo. ¿Qué interés podían tener las cabras para los alemanes o para los aliados? Pero aquel ruido la dejaba  intranquila. Aún resonaba en su mente el eco de su viaje a Roma para visitar a la tía Regina.  El ruido de aquella sirena y el estertor de las bombas habían encogido su alegría.

El pequeño Ettore estaba mirándola sin entender
 – Tengo hambre – dijo el niño. Chiara lo abrazó, acariciando su fina cabellera castaña. Tomó su mano y ambos entraron en la casa.

*****

El eco del mortero se había apagado. Faysal miró un instante sus pies viendo sus ya desvencijadas botas cubiertas de nieve, golpeándolas varias veces contra el suelo como si con aquel gesto pudiera sacudirse el frío…



lunes, 24 de febrero de 2014

El origen del Carnaval: de las Lupercales a Don Carnal.

"Carnaval, carnaval, Carnaval te quiero"… Ya queda menos o incluso se podría decir que ya ha empezado. Nunca fui especialmente "carnavalera" aunque me haga gracia, pero conozco gente que "vive" el Carnaval, y lo hace todo el año. En la tierra de mi familia, en la provincia de Ourense, ya estamos en plena efervescencia carnavalera. Nunca me aclaro muy bien con eso del "Domingo Fareleiro, Oleiro, Corredoiro, Domingo, Lunes y Martes de Entroido y Domingo de Piñata" aunque la wikipedia resulta una maravillosa "chuleta". Los carnavales en la provincia de Ourense tienen uno de los ciclos mas largos, no sólo de España sino del mundo, con cinco semana de duración. Así, parece que tenga un pase que me haga un lío aunque todos los años lo vuelva a preguntar.

Felos de Maceda

Otro día ―probablemente en las semanas venideras― os hablaré de estos carnavales, tan poco conocidos en el resto de España e increíblemente vivos, multitudinarios y populares en Galicia aunque de momento, me centraré en esta fiesta de un modo más universal, en su origen. ¿De dónde viene la actual celebración del carnaval?

Parece ser que, como en las demás fiestas de las que hablamos con anterioridad (Samaín, Magosto o Navidad), el carnaval tiene un origen remoto. De nuevo, estamos ante una fiesta que marca un cambio de ciclo en el calendario, el paso del invierno a la primavera, el renacimiento de la naturaleza, una oda a la fertilidad. 
El carnaval resulta una fiesta universal desde sus orígenes. Se habla de una fiesta con ciertos rasgos similares en Mesoportamia,  o de fiestas celtas precristianas y se conforma, según he podido leer, de tres facetas básicas desde el punto de vista antropológico: ritual de fertilidad, de inversión y de ostentación.

Encontramos alguna de estas facetas en cada una de las fiestas que ha podido dar origen a alguna de las caras del actual carnaval.

En la antigua Roma encontramos hasta tres fiestas que podemos relacionar con los actuales carnavales: las Saturnalia, Lupercalia y Matronalia.

Las Matronalia eran una fiesta en las que primaba la inversión, una fesitividad en honor a las mujeres casadas. Tiene su eco cristiano en las fiestas de Santa Agueda o en las reuniones de "comadres" durante los carnavales. Se dedicaban a Juno Lucina, conmemorando el rapto de las Sabinas. Se daba aquí una inversión de la primacía sexual ya que las mujeres gozaban en estas fiestas (a principios de febrero) de autoridad y mando sobre sus maridos y sobre los hombres en general.

Pintura que ilustra las Lupercalia
Las Lupercalia pueden ser interpretadas como una festividad dedicada a la fertilidad. Se celebraban en el mes de febrero, en la cueva Lupercal, en el Palatino y gozaban de una gran repercusión popular. La fiesta comenzaba tras unos sacrificios de unos machos cabríos y un perro. Dos jóvenes patricios eran llevados hasta el lugar de la oblación y tras limpiar sus frentes tenían que reír juntos, tras lo cual, cortadas las pieles de macho cabrío en tiras, los lupercos corrían semi desnudos, cubriéndose tan solo con algo la cintura y azotando a todo aquel que se encontraban. Las mujeres no podían evitar sus golpes ya que les ayudaría en la concepción y el alumbramiento. Se puede ver claramente el rastro de las Lupercalia en diversos personajes del carnaval tradicional gallego como son los Peliqueiros, cigarróns o felos que azotan a la gente tras máscaras con rasgos animales.

Las Saturnalia son un modelo de ritual de inversión. Se iniciaban el 17 de diciembre y su celebración duraba una semana. Una de sus costumbres mas conocidas consistía en la libertad de la que gozaban los esclavos durante el desarrollo de éstas. Los amos se servían a ellos mismos o incluso servían a sus siervos. Por la noche, los esclavos así como las clases mas bajas de la plebe se entregaban a todo tipo de festejos y licencias en las calles al grito de "Saturnalia", eligiendo a un "rey saturnalicio" que gobernaba las fiestas, presidía los bailes y banquetes.

Con la progresiva implantación del cristianismo, las antiguas Saturnales fueron debilitándose, pero en las mismas fechas, comenzaron a desarrollarse otros rituales de inversión y de desorden que después de la Edad Media serían conocidos con el nombre genérico de "fiestas de locos". Estas ceremonias burlescas cristianas, están vinculados a una parodia de la celebración de la liturgia según las reglas de la iglesia. Esta antigua y extraña tradición de danzas y representaciones jocosas, imitaciones paródicas e irreverentes, mascaradas y regocijos que atacaban y ridiculizaban la jerarquía eclesiástica y los poderes civiles, significaba un tiempo de extravagancias, reproche a los privilegiados, revancha de los subalternos y negación/inversión de las posiciones sociales. En suma, trastocamiento de las reglas, los valores y una sátira de las costumbres, a imagen y semejanza de las saturnales. Además, como en el caso de las Saturnales esta fiesta también daba lugar, en algunas zonas, a la elección de un rey con un papel semejante al rey de las saturnales.

Estas fiestas se caracterizaban también en sus excesos y desenfreno. Originalmente, los pueblos agrícolas debían consumir los alimentos del invierno que conservaban gracias al frío, antes de la llegada de la primavera y su temperaturas mas altas, cuando los alimentos corrían el riesgo de echarse a perder. Entonces celebraba una gran fiesta para comer todos los productos animales y perecederos para luego ayunar hasta el equinoccio de primavera del 21 de marzo donde tendrían acceso a los productos de la nueva temporada. En este origen remoto, se encontraría parte de la explicación de la abundancia y despilfarro de estas fechas seguida de la carestía propia de la cuaresma.

En el exceso, la ostentación y la transgresión se explicita una de las caracterizaciones del carnaval a partir de la edad Media, en la dicotomía que opone Don Carnal contra Doña Cuaresma. 

El combate entre don carnaval y doña cuaresma Pieter Brueghel el Viejo, 1559
En el Libro de Buen Amor, texto medieval español redactado alrededor de 1330, Juan Ruiz, Arcipreste de Hita nos habla del significado simbólico de la Pascua y la Cuaresma a partir de esta alegoría . Don Carnal, hombre mundano y amante de los placeres, es retado por doña Cuaresma a sostener una batalla que tendrá lugar al cabo de una semana; el reto ha sido lanzado el jueves anterior al día que hoy conocemos como Miércoles de ceniza .Al desenfreno del carnaval suceden cuarenta días de cuaresma.

Este enfrentamiento es la alegoría de las muchas fiestas carnavelescas que tendrán lugar desde la edad Media, pero el derroche y la locura, poco a poco entrarían en los cauces de lo políticamente correcto. La ostentación carnavelesca llegará incluso a ser institucionalizada. Lorenzo de Medicis en el siglo XV organiza en Florencia magníficos carnavales que excitaban en su ostentación a las masas con carros triunfales que estaban ornamentados magníficamente por artistas de renombre. Esa búsqueda del lujo redundaba en un beneficio personal para su linaje y el prestigio de la ciudad. El carnaval entra entonces en una contradicción y empieza a institucionalizarse. Muchos carnavales españoles impulsados por las clases burguesas en los siglos XVIII y XIX que se caracterizaban por sus cortejos y desfiles lujosos, irían en ese sentido. 

Sin embargo los rasgos primordiales del carnaval: la parodia, la abundancia y el exceso siguen vigentes dando lugar, todavía hoy en día, a una de las fiestas populares mas peculiares de nuestro calendario.



Bibliografía:

ARÉVALO, JM. "Los carnavales como bienes culturales intangibles. Espacio y tiempo para el ritual", en Gazeta de Antropología, 25 (2), artículo 49, 2009

CARO BAROJA, Julio- El Carnaval. Análisis histórico-cultural. 1979 Taurus. Madrid.

PRAT I CARÓS, Joan, "El Carnaval y sus rituales, algunas lecturas antropológicas", en "Temas de antropología aragonesa nº4", 1993.

http://www.catedu.es/arablogs/blog.php?id_blog=958&id_articulo=96109

http://fiestas.about.com/od/Fiestas-Tradicionales/a/El-Origen-Del-Carnaval.htm


http://es.wikipedia.org/wiki/Entroido






lunes, 17 de febrero de 2014

El pastor de Tartra

Edito un poco esta entrada para participar en la 5º edición de "arma una historia basada en una imagen". En mi caso fue un poco al revés. Vi la imagen y me recordó mi historia... Creo que el orden de los factores no altera el producto. 


Me duele la barriga. Avanzo oliendo el suelo. A veces, paro mi marcha para marcar la tierra. Unas cuantas gotas bastan para asegurarme de que no volveré sobre mis pasos. Previenen a otros de que esto es mío.
Sigo el rastro. Avanzo durante mucho tiempo. Frente a mí, aparece una gran corriente con agua. ¿Y si pierdo la pista que tanto tiempo llevo siguiendo?
*****

Con sumo cuidado el anciano posa unas hojas de periódico sobre el banco en el que se sienta todos los días. Cala su gorra sobre la cabeza, observa el horizonte, y desde ese lugar en el parque que recorre cada tarde, ve la vida pasar. Sus ojos brillan al echar la vista atrás. No se sabe si éstos se posan sobre los obreros que, afanosos, trabajan o sobre sus recuerdos. Yo me siento a su lado, como cada tarde.
*****

Cada día la gran bola de fuego está más fría. Estoy mojado pero al oler el aire me llega el rastro. Estoy contento aunque me duela la barriga. De repente, me encuentro con algo que me impide pasar. Es extraño porque veo y huelo lo que hay del otro lado pero no puedo avanzar. Excavo para pasar porque el olor a comida viene de aquí. Voy corriendo y al fin la encuentro. Muerdo. Hay más hueso que carne. La sangre está algo seca pero tengo mucha hambre. De repente, aparece un dos patas que lleva más comida. Me grita y me da una patada. Duele. Otro dos patas llega y lo asusta. Yo quiero huir pero me lleva con él.
*****

Hoy está despistado mirando a través de mí, como si fuera transparente.
—¿Qué te pasa?
Se rasca el antebrazo derecho, como suele hacer cuando está nervioso, mientras su vista sigue clavada por encima de mi hombro. Me doy la vuelta, curioso.
*****

Aquí por fin hace calor. Tenía razón al seguir el rastro. Todos los días me dan comida. Algunos dos patas, los que huelen bien, juegan conmigo, los otros no. Ahora soy feliz.
*****

—Es un perro polaco, un pastor de Tartra. Hacía años que no veía uno —me explica con la vista clavada en el animal que mueve alegremente su cola—. Para mí, ver a este perro es como ser invadido por esas hojas que crecen en las fachadas de los edificios, desfigurándolos. Te agarran los pies, te enredan, van trepando y se te meten en el alma, hasta las entrañas, para arrancártelas. El pasado, a veces, te atrapa y no te deja ir. Quedas en la noche, buscando una luz en la oscuridad que te haga olvidar, a solas con tus fantasmas. El mío ―dijo fijando la vista en el can―, es este perro.
Tragó saliva. Lo miré anonadado, sin realmente entenderlo. Nunca lo había visto así y parece que no lo conocía tanto como creía.
—Pero ¿qué pasó? —pregunté queriendo desentrañar aquella metáfora. 
Se quedó callado durante largos segundos antes de vomitar sus palabras.
—Cuando estaba en Auschwitz, a veces, tenía que arrastrar cadáveres hasta las fosas comunes. Recuerdo aquel perro. A raíz de todo aquello se convirtió en la mascota de los boches. Lo adoptaron cuando lo vieron comer el cuerpo de un amigo… Se llamaba Joseph. Le di una patada y casi me matan por hacerloEs la primera vez que veo cómo sus ojos se humedecen, enredados en el pasado―. Un día se coló detrás de mi barracón. Cogí una piedra en el suelo y le reventé la cabeza… Sólo era un animal y yo también lo fui. 

lunes, 10 de febrero de 2014

La batalla perdida: ¿Por qué escribir?


Alguien me decía hace poco que me había equivocado al bautizar a este blog como "los lunes a la lluvia". Lo justo hubiera sido decir  "mi vida a la lluvia". Entre ciclogénesis explosiva y ciclogénesis explosiva ―suena mucho más contundente que el tradicional "temporal"―, entro en este blog para dejar mis reflexiones, escritos, pensamientos y algunas historias de la Historia.

Hoy, como cada lunes, me volví a enfrentar a la terrorífica hoja  vacía de la que conocía, sin embargo, la transitoriedad de su virginal blancura, pues pronto la rellenaría con algún tipo de contenido. Mi pensamiento fue vagando hasta detenerme en una cuestión: ¿Por qué estoy escribiendo? ¿Por qué escribimos? ¿Por qué cada año se siguen publicando cientos de miles de escritos nuevos en el mundo? Sólo en España, en el año 2012, se publicaron 69.788 títulos nuevos.

¿Por qué escribir? ¿Para qué? ¿Para quién? ¿Aportaremos realmente algo siendo la obra 69. 789? ¿Por qué seguimos adelante, entonces? ¿Por nostalgia?¿Porque tememos a la muerte? ¿Por arrepentimiento? ¿Para calmar la soledad? ¿Por ego? ¿Para viajar y estar en el lugar del espacio/ tiempo/imaginación que quisiéramos? ¿Por vivir lo que no pudimos vivir? ¿Porque tememos a nuestra realidad? ¿Porque, en el fondo, queríamos seguir creando aquellas historias de barbies contra playmobils? 

Lo que me queda claro, es que como en el caso de un arqueólogo profesional, el que escribe, no lo hace por dinero. Basta con dar un par de vueltas por internet para darse cuenta de que estamos más cerca de volver a necesitar del consejero de Augusto ―Cayo Clinio Mecenas― para financiar la actividad literaria, que de convertirse en simples mileurista por obra y gracia exclusiva de la escritura (no hablemos ya de hacerse millonarios al estilo Rowling, Follet o Dan Brown).

Descartada, por lo tanto, la veta lucrativa ¿por qué seguir escribiendo? aunque debiera empezar planteando ¿por qué empezamos a escribir? Valga por delante que existen tantas respuestas como personas y que ésta sólo pretende ser la mía.
Nadie nace sabiendo escribir pero, de repente, nos tiramos al vacío, como un hombre a punto de ahogarse emerge buscando el aire puro. Hay algo de auto-protección, un lugar de reencuentro con uno mismo. Los primeros engranajes que mueven ese complejo mecanismo que es la escritura suelen tener, pienso, un talante catártico. Algunos empiezan a escribir tratando de sobrevivir a esa complicada edad que es la adolescencia, sobreponiéndose a las primeras decepciones y heridas de la vida: los primeros amores, inquietudes, ilusiones, dolores, desenvolturas. Es el tiempo en el que se tiran las palabras sobre el papel, buscando encontrar en la hoja virginal un refugio, un espacio para la racionalidad.

Luego, la palabra salvaje intenta ser domada. Hay que empezar a precisar, buscar la coherencia, un andamiaje. Las palabras buscan convertirse entonces, en gentes, lugares, risas, lágrimas complicidad, miradas y olores. La palabra se hace historia.
Y entonces sigo escribiendo, porque mi mente se comunica mejor con mis manos que con mi lengua, porque me gusta darle un orden a esas palabras, intentar vencerlas. La palabra puede ser vomitada o cantada pero si no es plasmada siempre será transitoria. Al escribir, las palabras se hacen nuestras, sometidas a nuestro deseos y volubilidad. La palabra escrita permanece superando, en una extraña contradicción de forma transitoria, la transitoriedad. En el fondo, es la misma fascinación que existe en revivir el recuerdo de los muertos, limpiando el polvo de la Historia. Ese afán por resucitar el pasado, por mantener a flote el presente, por sobrevivir al futuro, sabiendo sin embargo, que la batalla está de antemano perdida.
Conscientes de su fragilidad y fugacidad, mil años abarcaba el concepto romano de "aeternitas". ¿Estaban locos estos romanos? Una vez más, demostraron su sabiduría y cordura, poniéndole coto a la eternidad.