La cita
El lunes, se estremece pensando en la cita del viernes, siente su corazón latir contra su pecho cuando piensa en ella. El martes repasa su vestuario, revisando cada pieza y complemento. El miércoles se pone nervioso, pensándola y sintiendo como el momento se acerca. Lo ansía pero también lo teme. El jueves se lo comenta a su mejor amigo, tratando de planificar cada posible obstáculo para evitar inconvenientes y que todo sea perfecto. Y al fin, llega el viernes.
Se levanta con un nudo en el estómago, abandonándose a una serie de rituales a lo largo del día que rozan la compulsión. Se enfunda la ropa que había preparado con mimo. Llega con tiempo a la cafetería. Hace calor pero la camiseta de microfibra de poliéster que lleva le salvará del ridículo de la aureola en el sobaco. Espera ansioso. ¡Los preliminares! ¡Qué importante son los preliminares! Se pide una cerveza, mientras repasa en el espejo su maquillaje.
Llega el momento, la suerte está echada. El nudo en la garganta se deshace en un grito catártico primero y luego, la decepción, la humillación: cinco. Cinco goles marcó Holanda.
